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Sobre la creación literaria. Maia Losch

Sobre la creación literaria. Maia Losch

Sobre la creación literaria

Nadie puede decirte cómo se escribe. Como mucho, cada escritor podrá contarte cómo él o ella escriben, intentando, deseando (más tú que el autor), que algo de lo que a ellos les funciona te funcione también a ti.  Pongamos un ejemplo: en una entrada reciente la escritora Lucía Solaz Frasquet, autora de los libros Manuscrito en el Tiempo y Entre sombras, comentaba que le gustaba la parte de investigación del proceso de creación. En mi caso, es la parte que me resulta más difícil.
No menos difícil me resulta intentar dejarles algo de valor con esta entrega, teniendo en cuenta la existencia en el mercado de tantos libros excelentes sobre narrativa y la creación literaria de escritores renombrados y con una gran trayectoria, cuando yo apenas si voy a publicar mi primera novela en unos meses. De mientras, mi obra se concentra en lo que escribo en mi blog Errante y errata, algún que otro premio literario de poco calibre y la edición de algunos cuentos y poemas en antologías.
Ustedes se preguntarán (como lo he hecho yo) qué autoridad tengo entonces, para traer estos consejos. La verdad es que ninguna. Pero tal vez, solo tal vez, alguno de ustedes encuentre aquí algún dato interesante en el que no había pensado antes y eso es lo importante. Me considero escritora porque no sé vivir sin escribir. Eso es todo.
Pongamos ahora algunos ejemplos de los libros de narrativa que puedo recomendarles, los que a mí me sirvieron ya sea para darme confianza o por sus aspectos técnicos: El escritor y sus fantasmas de Ernesto Sábato, El zen en la escritura de Ray Bradbury, Una habitación propia de Virginia Wolf,  Mientras escribo de Stephen King, La práctica del relato de Ángel Zapata, Para ser novelista de John Gardner y Escribir y reescribir de Gloria Fernández Rozas. Hay muchos más, claro.
En mi caso en particular, mi relación con la escritura es –como toda relación- conflictiva. Es una relación obsesiva y posesiva: yo estoy obsesionada con ella y, por lo tanto, ella me posee a mí (porque uno es esclavo de sus obsesiones).  Pero no deseo aburrirlos con mi historia personal; intentaré en cambio contarles cuales son las herramientas que considero fundamentales. Podría decirse que son consejos, pero odio darlos tanto como me cuesta recibirlos. Aquí van:

  1. Lee tanto como puedas e intenta no confinarte, al menos en principio, en un género único. No eludas los Ensayos, te aportarán excelente material de escritura y sentido crítico.
  2. Fíjate cómo otros lo han hecho antes; cómo los escritores que te gustan han formado esas frases que te impactan, cómo han construido sus diálogos o detallan las escenas que más te atraen. No temas tener un estilo similar a otros mientras digas lo que quieras decir.
  3. Trabaja a tus personajes hasta que seas capaz de sentir que respiran a tu lado.
  4. Experimenta. Juega con las palabras. Siempre tendrás la posibilidad de borrarlas si no te gustan (antes de hacerlas públicas).
  5. Ten paciencia contigo mismo/a y con el proceso creativo.  Escribir es un oficio que lleva toda la vida y eso es, a mí manera de ver, lo más bello. Si te enamoras de la escritura nunca estarás solo/a del todo y no te aburrirás en la vejez. Pero, como toda historia de amor, tiene sus altos y bajos. No pretendas que siempre te de placer. Escribir es muy frustrante a veces.
  6. Intenta no auto censurarte. Si crees que en determinada parte del texto debes decir «mierda», no escribas «excrementos». Pero tampoco abuses de las malas palabras en un intento de impresionar el lector, también en ese caso te estarías censurando. La libertad es fundamental para conseguir una obra de valor. Y ten en cuenta que, digas lo que digas, los demás se encargarán de juzgarte (te guste o no), por lo que no es necesario que lo hagas tú de antemano.
  7. constante y no esperes a la musa. La inspiración existe pero debe encontrarte trabajando, ya lo dijo Picasso.
  8. Lleva contigo un block de apuntes a todas partes. Escucha a la gente, presta atención a sus movimientos, gestos, manías. Aprovecha todos los sentidos.
  9. Utiliza tus memorias. Mira fotos. Observa. Es el estímulo básico de la imaginación, fuente inagotable de historias.
  10. Húndete en tus más negros sentimientos cuando escribes si hace falta, pero no olvides salir a la luz cuando acabes.
  11. Miente tan bien en tus historias que hasta tú mismo/a te lo creas.
  12. Cree en ti mismo aunque sea de a ratos. Nadie lo hará por ti y,  lo más probable, es que la mayor parte de la gente no comprenda por qué tienes esa manía de querer ser escritor; por lo que necesitarás de muchas agallas si pretendes tomártelo en serio.

Y si aún tuviera que resumir todo esto en los tres pilares fundamentales diría: lee tanto como puedas, escribe todos los días y ármate de paciencia.
Para concluir, les dejo un texto de Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo, respecto a su proceso de creación:

“En Mayo de 1954 compré un cuaderno escolar y apunté el primer capítulo de una novela que, durante muchos años, había ido tomando forma en mi cabeza. Sentí, por fin, haber encontrado el tono y la atmósfera tan buscada para el libro que pensé tanto tiempo. Ignoro todavía de dónde salieron las intuiciones a las que debo Pedro Páramo. Fue como si alguien me lo dictara. De pronto a media calle, se me ocurría una idea y la anotaba en papelitos verdes y azules.  Al llegar a casa después de mi trabajo en el departamento de publicidad de Goodrich, pasaba mis apuntes al cuaderno. Escribía a mano, con pluma fuente Sheaffers y tinta verde. Dejaba párrafos a la mitad, de modo que pudiera dejar un rescoldo o encontrar el hilo pendiente del pensamiento al día siguiente. En cuatro meses, de abril a agosto de 1954, reuní trescientas páginas. Conforme pasaba a máquina el original, destruía las hojas manuscritas.  Llegué a hacer otras tres versiones que consistieron en reducir a la mitad aquellas trescientas páginas. Eliminé toda divagación y borré completamente las intromisiones del autor. Arnaldo Orfila me urgía a entregarle el libro. Yo estaba confuso e indeciso. En las sesiones del centro, Arreola, Chumacero, la señora Shedd y Xirau me decían: “Vas muy bien”. Miguel Guardia encontraba en el manuscrito sólo un montón de escenas deshilvanadas. Ricardo Garibay, siempre vehemente, golpeaba la mesa para insistir en que mi libro era una porquería.” (De “Escribir y reescribir, Un manual para la corrección de los textos narrativos”, Gloria Fernández Rozas, Ediciones Fuentetaja, 2008).

Gracias por vuestra atención. Un saludo cordial y mucho éxito. Maia Losch

27 Jun 2014 1 comment
  • Cassandra 30 octubre, 2017 at 10:24 pm /

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